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BCN emplea a 15 jóvenes para pintar 100 persianas

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Otra mierda política del Ayuntamiento de Barcelona. Es decir, hasta día de hoy, la utilización del spray en vía pública está penado por la ley de urbanismo de la ciudad con 3000€ de multa, aplicada a un nivel de tolerancia cero. Todo esto porque querer erradicar el “graffiti” en todas sus manifestaciones ayuda a no fomentar el vandalismo y a potenciar la marca “Barcelona”. Y no sólo eso, sino que gracias al Departamento de Paisajismo de la Ciudad, “…que cada comerciante pudiera poner lo que quisiera en su persiana era de tercer mundista” (lo que está penado con multas a comerciantes y pintores in situ y a comercinate si no lo limpian a posteriori). Urbanística y estéticamente inviable (tal y como defendió a capa y espada el señor Quim Monzó en un mítico artículo en La Vanguardia).
Además, se llevan años intentando normalizar la situación del arte urbano en la ciudad desde colectivos de artistas, centros de arte y empresas privadas sin mucho o ningún éxito…
Pues ahora resulta que gracias a un acto político (la temática de las persianas va a estar relacionada con grandes momentos de la catalanidad o similar) van a dejar pintar a chavales jóvenes (con los que no tengo nada en contra) y amateurs, no en Sant Adriá que está en la periféria, sino justo en el barrio donde se iba a aprobar una ley donde se pintara del mismo verde todas sus persianas…
Me cago en la hipocresía que hay en esta ciudad!!

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El lunes tuve que releer la noticia que daba LaVanguardia.es para acabar de creérmela: “Los comerciantes de Barcelona serán multados si encargan grafitis para su persiana”. Si la hubiese leído ayer hubiese pensado que se trataba de una inocentada. Pero no, va de veras: “El Institut Municipal del Paisatge Urbà i la Qualitat de Vida del Ayuntamiento de Barcelona ha empezado a aplicar más estrictamente la ordenanza municipal, de 1999. La normativa establece que las sanciones son para ‘la condufachada, lo que permite multar tanto a comerciantes como grafiteros, pero hasta ahora sólo se había multado a los segundos”. Un representante del Institut dice, en esa crónica: “Las ordenanzas interpretan que pintar grafitis en el espacio público es una conducta de ensuciamiento que no sólo devalúa el patrimonio público o privado sino que principalmente provoca una degradación visual del entorno, afectando a la calidad de vida de vecinos y visitantes”.

Si realmente es verdad que ahora van a hacer cumplir la normativa nos encontramos ante una noticia excelente, al menos para los que desde hace años hemos denunciado la impunidad con la que esas bandas –perdón: “esos colectivos de artistas”– chantajean a los comerciantes a base de, primero, pintarles en las persianas grafitis vandálicos, tags y toda la mandanga para, luego, a cambio de dinero, pintarrajearles dibujos de una ordinariez supina. Así han conseguido que las calles se hayan convertido en pavorosas muestras de vulgaridad tercermundista. Cualquier comerciante sabe que, si quiere modificar una fachada –pintarla de tal o cual color, o poner un rótulo o una marquesina–, primero debe pedir permiso, para que la variación que quiera introducir no altere de forma desmesurada el paisaje de la ciudad. Y, en cambio, en connivencia con las cuadrillas del spray, muchos comerciantes actúan como si las persianas no fuesen parte de la fachada y se saltan la normativa. Olvidan que están a la vista de todos y que, en tanto que parte de las fachadas, son un bien común. Y, como bien común que son, antes de alterarlas tienen que conseguir el visto bueno del Institut, que depende del Ayuntamiento, una institución cuyos miembros –alcalde, concejales…– salen de una votación. Los ciudadanos los hemos elegido democráticamente, entre otras muchas cosas para que decidan quién manda en el Institut y qué normas aplica. Veo que, tras la noticia, los grafiteros protestan. Hablan de falta de libertad porque el Ayuntamiento ha decidido –¡finalmente!– hacer cumplir la normativa. Pues, si no les gusta la normativa actual, tienen una solución: que voten, en las próximas elecciones, al partido que prometa cambiarla y defienda la chabacanización definitiva de la ciudad, y esa ramplonería hip-hop que considera que lo que hacen los pintamonas es arte enrollado.

Yo ya paso de opinar… Sólo por los qu eno lo hayáis leído!
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